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Mini guía de la ansiedad noviembre 14, 2008

Posted by argosalejandro in General, salud.
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I

La presente es una mini guía que pueden llevar a cabo todas aquellas personas que se encuentran en el entorno cercano a una persona que sufre y padece de ansiedad y pánico, puesto que muchas veces no se sabe como proceder después del diagnóstico o bien, ni siquiera se llega a él, y la mejor ayuda que existe para la negación de su existencia, para la incredulidad y para la ignorancia general es ni mas ni menos que la información, así que espero que les sirva en algo.

*texto copiado*

Guía para familiares y allegados a personas con Trastorno de pánico

No es infrecuente que las personas del entorno de los afectados/as por ataques de pánico se encuentren desorientados ante una situación nueva que generalmente aparece de una forma repentina y brusca y que, en ocasiones, se presenta con síntomas espectaculares ante los que no saben cómo reaccionar.

Esta guía o manual pretende servir de ayuda a esas personas que conviven o comparten gran parte de su tiempo con un afectado/a por este trastorno de ansiedad, en base a las experiencias y vivencias personales de quienes han sufrido y todavía sufren este problema. A la vez, si consigue su objetivo, será de utilidad para el/la propia afectado/a ya que la actitud de las personas que lo rodean juega un papel muy importante de cara a su recuperación.

Sin más preámbulos, vamos a enumerar y analizar una serie de aspectos que entendemos son de especial interés:

– Lo primero es conocer en que consiste el trastorno de pánico: Como ya hemos adelantado, es un trastorno de ansiedad. La ansiedad es una emoción necesaria para la vida de cualquier persona ya que mediante ella se pone en marcha el mecanismo de alarma de nuestro organismo ante la existencia de un peligro real y así permite reaccionar de una forma adecuada frente a la amenaza de ese peligro. El problema surge cuando esa ansiedad se dispara sin la existencia del peligro real. Ello se debe a una interpretación errónea de la realidad, al pensamiento de que algo malo o grave está ocurriendo o va a ocurrir ante una determinada situación . La ansiedad lleva aparejados síntomas tales como palpitaciones, sensación de mareo o desmayo, dolor en el brazo izquierdo o/y en el pecho, pinchazos en el corazón, sensaciones de calor y frío, temblores, sensación de atragantarse, náuseas y molestias intestinales, sensación de ahogo o asfixia, nudo o molestias en la garganta, opresión en el pecho, despersonalización( verse a uno mismo como desde afuera ), desrealización ( extrañeza ante personas, objetos o situaciones cotidianos), entre otros. Cuando la persona interpreta estos síntomas como que algo grave le está sucediendo( un ataque al corazón, morirse, volverse loco o perder el control), está creyendo en la existencia de otro peligro que a su vez incrementa su ansiedad y con ello, sus síntomas, produciéndose, por tanto, el círculo vicioso de la ansiedad.

Una vez vivida esta experiencia, la persona teme su repetición y vive en un estado constante de miedo, pendiente de cualquier síntoma o cambio en su cuerpo. Cuanto más centre la atención en ellos, más notorios se harán .

– En segundo lugar, es necesario saber que, a pesar de lo descrito, no es nada grave, aunque sí muy doloroso para el/la afectado/a, quien en ocasiones asocia la crisis de ansiedad o angustia a los lugares o situaciones en que se produjo la primera vez o veces sucesivas, con lo que es característico que tiendan a evitarlos en la creencia errónea de que de esa forma evitan a su vez un nuevo ataque de pánico.

– En tercer lugar, también hay que ser conscientes de que las conductas de evitación no hacen más que reforzar la ansiedad ya que la asociación antes descrita da lugar a que la persona piense de forma errónea que son aquellos lugares, acontecimientos, situaciones,… las causantes de su pánico y que al no volver a vivirlas éste no va a producirse, de manera que lo que así consigue es reafirmar que el peligro es real. Estas conductas de evitación pueden llegar a limitar la vida de la persona de una forma considerable.

– El cuarto aspecto que debe abordarse es el de la recuperación: La recuperación es posible con un tratamiento adecuado. Los medicamentos que suelen prescribirse, consistentes en ansiolíticos y/o antidepresivos, alivian los síntomas, pero no curan; incluso pueden llegar a enmascarar el trastorno. Con ello no queremos decir que no deban tomarse, lo cual ha de hacerse siempre bajo prescripción médica, ya que en ocasiones son de gran utilidad; pero sí hay que tener claro que no es la solución. Ésta está en la terapia psicológica.

Una vez hechas estas presiones, pasamos a enumerar una serie de pautas de conducta que sería conveniente siguiesen los familiares y allegados de un/a afectado/a de Trastorno de Pánico:

1º – Mostrar comprensión ante el sufrimiento que provoca el trastorno: Aunque sea difícil poder imaginar el dolor que este problema causa, una actitud de comprensión y apoyo es la mejor ayuda que se puede brindar. Ello puede lograrse entendiendo lo que explicábamos anteriormente y pensar que el dolor que produce un ataque de pánico es indescriptible.

2º – Por el contrario, mostrar preocupación o alarma ante el estado del afectado es contraproducente ya que si es percibido por él, llega a pensar que es la confirmación de su temor a que le está sucediendo algo grave. Ello no significa que deba demostrarse desinterés ya que puede ser interpretado como falta de comprensión. Sabemos que esto requiere un esfuerzo por parte del familiar, pareja o amigo ya que se trata de compaginar dos actitudes que en principio pueden parecer contradictorias: el decirle una frase como “ no te preocupes, no es nada grave, intenta relajarte” y recordarle que lo que está sintiendo es simplemente ansiedad, pueden tranquilizar al afectado.

3º – Escucharle cuando esté en disposición de hablar de sus sensaciones y miedos. Nunca forzarle a ello ni insistirle ya que muchas veces el simple hecho de recordar los síntomas genera un gran malestar.

4º – Cuando esté sufriendo una crisis o sienta un gran malestar, si no es capaz de hablar de la situación por la que está pasando en ese momento- que puede prolongarse en el tiempo- las muestras silenciosas de cariño como el abrazarle, tomarle una mano,…son señales evidentes de apoyo, comprensión e interés.

5º – También es conveniente que se le recuerde en qué consiste lo que le está sucediendo cuando se encuentre mal de forma calmada, con paciencia- ya que serán bastantes veces las que haya que repetírselo- pues contribuirá a que vaya recuperando la tranquilidad.

6º- Ayudarle en las técnicas de relajación y respiración diafragmática al principio de sus crisis es una labor de inestimable ayuda.

7º – No utilizar frases negativas respecto a su estado físico como “estás pálido/a”, “¡qué mala cara tienes!”, “ tienes ojeras”, ¡ cuánto adelgazaste o qué delgado/a estás”, por ejemplo, ya que, como antes decíamos, puede interpretarlo como esa confirmación de su gran temor a morirse, sufrir un ataque, estar enfermo/a, volverse loco/a,…

8º – Si pierde el apetito, el propio afectado se preocupará por este hecho volviendo a pensar que va a enfermar, por lo que lo mejor es tranquilizarle en este sentido aconsejándole que ya comerá algo nutritivo cuando pueda hacerlo, sin insistir en que ingiera alimentos en los momentos en que no es capaz ni mostrar preocupación por ello ya que no se va a morir de inanición.

9º – Las personas que padecen un trastorno de ansiedad del tipo que estamos tratando suelen tener sentimientos de culpa por su problemática y las implicaciones que pueda tener en su familia y/o amistades, por lo que hablar de ello será tranquilizador.

10 º – También se caracterizan por una baja autoestima, que usted puede ayudar a mejorar haciéndole ver sus virtudes.

11º – Es importante que valore sus logros por pequeños que sean pues cualquier paso positivo es un avance importante de cara a su recuperación ya que con él puede comprobar que si una vez pudo hacer algo que le asustaba o controlar su ansiedad, será la prueba de que no es un imposible, de que nada malo le sucedió y es la forma de ir perdiendo el miedo.

12º- Así mismo, un intento fallido no es un fracaso; usted, familia, pareja o amigo, puede animarlo en el sentido de que al menos tuvo la valentía de haberlo intentado y que otra vez lo conseguirá.

13º – Bastantes afectados por trastorno de pánico se culpabilizan y/o presentan un gran rechazo por tomar cualquier tipo de medicación ansiolítica o antidepresiva. Aunque ya hemos expuesto más arriba lo que pensamos a este respecto, repetimos que puede estar indicada y que ayuda en la medida de aliviar los síntomas, por lo que ese sentimiento de culpa es infundando cuando la persona sigue las prescripciones de su psiquiatra y su rechazo generalmente se debe a dos motivos: miedo a la adicción y miedo a los efectos secundarios y/ o a los síntomas que en los primeros días de la ingesta notan. Es conveniente decir que la medicación se irá dejando bajo control médico a medida de que la mejoría lo aconseje, que el psiquiatra por lo general también llevará un control del estado de su paciente y que esos primeros síntomas cederán al acostumbrarse el organismo a una sustancia nueva para él. Los efectos beneficiosos de los antidepresivos suelen tardar en aparecer entre tres semanas y un mes desde el comienzo de la toma de la primera pastilla. En este sentido, usted puede apoyarlo.

14º – Son frecuentes las recaídas o altibajos, que frecuentemente producen desánimo al afectado: usted puede recordarle que es algo habitual en su trastorno y que es pasajero.

15º – También puede ayudarle a hacerle ver que sus pensamientos negativos sólo le generan mayor malestar e intentar contrarrestarlos con otros positivos, que usted está mejor disposición anímica para hacérselos ver.

16º – El mejor consejo que puede darle es que acuda a la ayuda de un profesional y animarlo cuando no encuentre el adecuado a seguir buscando ya que la recuperación es posible.

Sabemos que esto supone un gran esfuerzo y paciencia para los familiares, amigos y personas del entorno de un afectado, pero se ha de tener en cuenta que algunos de estos consejos sólo se llevarán a cabo en situaciones puntuales ya que es importante que no se agoten tratando de ayudar: la mejor ayuda es la de un especialista.

Las personas del entorno del afectado llevarán su vida normal sin que el trastorno interfiera en ella, lo que además será una prueba más de que no tiene razón en sentirse culpable y que la preocupación por él es relativa; únicamente por el sufrimiento que le genera el trastorno de pánico.

*** Gracias mami 🙂

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